Frankfurt me sorprendió porque combina muchas cosas en poco espacio: calles modernas, vistas enormes, terrazas tranquilas, jardines llenos de luz y restaurantes con comida muy buena.
El viaje empezó con un brunch relajado, siguió con un paseo por el Palmengarten y terminó con una noche de luces en la ciudad. Al día siguiente, el Main Tower y el Eiserner Steg fueron perfectos para ver Frankfurt desde arriba y desde el río.
Lo mejor fue la mezcla: un poco de calma, un poco de ciudad, mucha comida y fotos que recuerdan el viaje inmediatamente.










